El 24 de Marzo de 2014 se cumplen 38 años del golpe que
instauró la dictadura cívico-militar más aberrante y sangrienta de la historia
de nuestro país que estuvo caracterizada por el terrorismo de Estado, la
violación constante a los Derechos humanos y la aplicación de un plan
sistemático de exterminio que llevó a la persecución, el secuestro, la tortura,
el asesinato y la desaparición forzosa de 30.000 personas y la apropiación de cientos de menores y recién
nacidos a quienes se les sustrajo su identidad.
Hasta el 2014 se restituyó la identidad
a 110 nietos pero quedan aun más de 400 por
recuperarla reflejando de este
modo que las consecuencias del genocidio llevado a cabo por las fuerzas armadas
desde 1976 a 1983 calan tan hondo que llegan hasta nuestros días y han marcado
a varias generaciones. Estos Hombres y mujeres que no
conocen su identidad, hoy ya son padres y por lo tanto se sigue cometiendo
contra ellos y contra sus hijos una grave violación de los Derechos Humanos, la
que vulnera el derecho a la propia identidad.
Durante la dictadura, los militares consideraron que la
ideología que trataban de exterminar a través de la desaparición de personas se
podía transmitir a través del vínculo familiar, en una especie de
"contagio" ideológico. Con ese argumento hacían desaparecer a los
hijos pequeños y los entregaban, en su
gran mayoría, a familias de militares.
Anular, borrar la identidad y las raíces de estos niños tenía como
objetivo que no sintieran ni pensasen como sus padres, sino como sus enemigos.
Los niños y niñas robados como "botín de
guerra" fueron inscriptos como hijos propios por los miembros de las
fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en
institutos como seres sin nombre N.N, o fraguando una adopción legal, con la
complicidad de jueces y funcionarios públicos. De esa manera los hicieron
desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima
familia, de todos sus derechos y de su libertad.
La cantidad de secuestros de niños y niñas, y de jóvenes
embarazadas, el funcionamiento de maternidades clandestinas (Campo de Mayo,
Escuela de Mecánica de la Armada, Pozo de Banfield y otros), las declaraciones
de los mismos militares y las declaraciones de testigos de los nacimientos en
cautiverio, demuestran la existencia de un plan preconcebido no sólo de
secuestro de adultos sino también de un plan sistemático de sustracción de la
identidad de los niños.
En ese contexto surge la Asociación Civil Abuelas de
Plaza de Mayo, organización no gubernamental que tiene como finalidad localizar
y restituir a sus legítimas familias a todos los niños apropiados y privados de
su identidad por la represión política, como también crear las condiciones para
que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños,
exigiendo juicio y castigo a todos los culpables y sus cómplices.
En este sentido, Juan Cabandie Alfonsín, hijo Alicia
Alfonsín y Damián Cabandie nació durante el cautiverio de su madre en la Ex
Escuela de Mecánica de la Armada quien a los 20 días fue apropiado por Luis
Falco ex agente de inteligencia de la Policía Federal expresó: “Nosotros
estamos vivos y no nos ganaron, no pudieron cumplir su plan macabro de robo de
bebes. Todavía seguimos y continuamos con las ideas de nuestros padres y
creemos y estamos trabajando para que un mundo mejor sea posible”.
Victoria Montenegro hija de Hilda Torres y Roque
Montenegro con trece días de vida fue secuestrada junto a sus padres y
apropiada por el jefe de tareas del Centro Clandestino el Vesubio. Victoria
cuenta que creció “convencida que nuestro país había vivido una guerra y que si
hoy vivíamos en democracia era gracias a que nuestros soldados habían entrado
en guerra para ganar la paz y que las madres, y especialmente, las Abuelas eran
la continuación de la subversión ideológica”. Luego de un largo camino y de
recuperar su verdadera identidad hoy cuenta que “sus padres eran militantes,
eran pibes que pensaban, que se organizaban y soñaban” con un país mejor y
agrega que “con matarlos era suficiente pero los tuvieron que desaparecer, los
tuvieron que borrar de la faz de la tierra porque nuestros viejos además
contagiaban y creo que cuando uno tiene claro lo que quiere y es bueno lo que defiende
contagia”.
La violencia ejercida en nuestro país produjo una
fractura generacional en la que por lo menos tres o cuatro generaciones se
vieron afectadas. Es decir, privadas de una continuidad psíquica, privadas de
una transmisión. Fractura que ha dejado un agujero en lo simbólico”, expresa la
Lic. María Cristina Olivares en su texto Del Trauma a la ficción y agrega: “No
hay palabras para dar cuenta de lo acontecido. Los temblores que produce la
historia pública de un país se encuentran en la historia privada de cada uno y
destruyen relaciones sociales, incluidas las familiares. La ausencia de
intervención por parte del Estado dejó como saldo la privación de la familia”.
“Es una historia que nos afecta de manera directa a
varias generaciones porque a mis abuelos les toco sufrir y vivir en carne
propia la dictadura perdiendo sus hijos, a mis viejos les toco vivir secuestro,
tortura y el robo de sus hijos, a mi todo este proceso”, expresó al respecto
Leonardo Fossati y agrega: “Da real dimensión de cómo este problema no es un punto
en una persona, no es el desaparecido el que lo sufrió sino que fue todo su
entorno familiar, sus generaciones inmediatas y hoy en día también sufren las
consecuencias, esos chicos también restituyen su identidad más de 35 años
después están viviendo una situación consecuencia a esta última dictadura
cívico – militar, entonces cuando uno dice y lee que se están juzgando hechos
sucedidos hace 35 años atrás, en realidad es una mirada segmentada porque se
están juzgando las responsabilidades y hechos cometidos pero a la vez las
consecuencias están vigentes, se están conociendo, es algo que lleva mucho
tiempo y que todavía falta mucho por hacer, conocer, 400 nietos por restituir,
muchos juicios por llevarlos a cabo, muchos responsables por ser juzgados y mucha
información por dar a conocer. Hasta que no sepamos donde no están todos esos
bebes robados, no se haga justicia con todos los responsables y no se conozcan
todas las verdades no vamos a tener una sociedad realmente como la queremos, un
poco más sana”.
Muchos de los nietos que las Abuelas están buscando hoy
ya son padres. Esto significa que ya hay una nueva generación, los bisnietos,
que también tienen su Derecho a la Identidad vulnerado.
Desde la perspectiva ética y de cara al futuro, en el
fortalecimiento de la convivencia ciudadana y la plena vigencia de los Derechos
Humanos y en particular de la infancia, la restitución constituye la devolución
de la sociedad a sí misma como defensa de la vida, búsqueda de la verdad y
cumplimiento de justicia plena. Así también la restitución del último de los
nietos desaparecidos producirá un efecto directo en todo nuestro pueblo en
orden a la recuperación de principios y seguridades que la sociedad y el Estado
tienen el ineludible deber de garantizar. Por eso resulta importante que toda
la sociedad se comprometa en esta tarea, no sólo por solidaridad sino porque es
un problema de todos: mientras haya un solo chico con su identidad cambiada,
está en duda la identidad de todos.
Por esto, recuperar a los más de 400 nietos que aún
permanecen apropiados y con una identidad cambiada es una tarea de todos y
todas por la memoria, la verdad y la justicia.














