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sábado, 15 de marzo de 2014

Nietos, una búsqueda de todos

El 24 de Marzo de 2014 se cumplen 38 años del golpe que instauró la dictadura cívico-militar más aberrante y sangrienta de la historia de nuestro país que estuvo caracterizada por el terrorismo de Estado, la violación constante a los Derechos humanos y la aplicación de un plan sistemático de exterminio que llevó a la persecución, el secuestro, la tortura, el asesinato y la desaparición forzosa de 30.000 personas y la  apropiación de cientos de menores y recién nacidos a quienes se les sustrajo su identidad.
Hasta el 2014 se restituyó la identidad a 110 nietos pero quedan aun más de 400 por  recuperarla  reflejando de este modo que las consecuencias del genocidio llevado a cabo por las fuerzas armadas desde 1976 a 1983 calan tan hondo que llegan hasta nuestros días y han marcado a varias generaciones. Estos  Hombres y mujeres que no conocen su identidad, hoy ya son padres y por lo tanto se sigue cometiendo contra ellos y contra sus hijos una grave violación de los Derechos Humanos, la que vulnera el derecho a la propia identidad.
Durante la dictadura, los militares consideraron que la ideología que trataban de exterminar a través de la desaparición de personas se podía transmitir a través del vínculo familiar, en una especie de "contagio" ideológico. Con ese argumento hacían desaparecer a los hijos  pequeños y los entregaban, en su gran mayoría, a familias de militares.  Anular, borrar la identidad y las raíces de estos niños tenía como objetivo que no sintieran ni pensasen como sus padres, sino como sus enemigos.
Los niños y niñas robados como "botín de guerra" fueron inscriptos como hijos propios por los miembros de las fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre N.N, o fraguando una adopción legal, con la complicidad de jueces y funcionarios públicos. De esa manera los hicieron desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad.
La cantidad de secuestros de niños y niñas, y de jóvenes embarazadas, el funcionamiento de maternidades clandestinas (Campo de Mayo, Escuela de Mecánica de la Armada, Pozo de Banfield y otros), las declaraciones de los mismos militares y las declaraciones de testigos de los nacimientos en cautiverio, demuestran la existencia de un plan preconcebido no sólo de secuestro de adultos sino también de un plan sistemático de sustracción de la identidad de los niños.
En ese contexto surge la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo, organización no gubernamental que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias a todos los niños apropiados y privados de su identidad por la represión política, como también crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo juicio y castigo a todos los culpables y sus cómplices.
En este sentido, Juan Cabandie Alfonsín, hijo Alicia Alfonsín y Damián Cabandie nació durante el cautiverio de su madre en la Ex Escuela de Mecánica de la Armada quien a los 20 días fue apropiado por Luis Falco ex agente de inteligencia de la Policía Federal expresó: “Nosotros estamos vivos y no nos ganaron, no pudieron cumplir su plan macabro de robo de bebes. Todavía seguimos y continuamos con las ideas de nuestros padres y creemos y estamos trabajando para que un mundo mejor sea posible”.
Victoria Montenegro hija de Hilda Torres y Roque Montenegro con trece días de vida fue secuestrada junto a sus padres y apropiada por el jefe de tareas del Centro Clandestino el Vesubio. Victoria cuenta que creció “convencida que nuestro país había vivido una guerra y que si hoy vivíamos en democracia era gracias a que nuestros soldados habían entrado en guerra para ganar la paz y que las madres, y especialmente, las Abuelas eran la continuación de la subversión ideológica”. Luego de un largo camino y de recuperar su verdadera identidad hoy cuenta que “sus padres eran militantes, eran pibes que pensaban, que se organizaban y soñaban” con un país mejor y agrega que “con matarlos era suficiente pero los tuvieron que desaparecer, los tuvieron que borrar de la faz de la tierra porque nuestros viejos además contagiaban y creo que cuando uno tiene claro lo que quiere y es bueno lo que defiende contagia”.
La violencia ejercida en nuestro país produjo una fractura generacional en la que por lo menos tres o cuatro generaciones se vieron afectadas. Es decir, privadas de una continuidad psíquica, privadas de una transmisión. Fractura que ha dejado un agujero en lo simbólico”, expresa la Lic. María Cristina Olivares en su texto Del Trauma a la ficción y agrega: “No hay palabras para dar cuenta de lo acontecido. Los temblores que produce la historia pública de un país se encuentran en la historia privada de cada uno y destruyen relaciones sociales, incluidas las familiares. La ausencia de intervención por parte del Estado dejó como saldo la privación de la familia”.
“Es una historia que nos afecta de manera directa a varias generaciones porque a mis abuelos les toco sufrir y vivir en carne propia la dictadura perdiendo sus hijos, a mis viejos les toco vivir secuestro, tortura y el robo de sus hijos, a mi todo este proceso”, expresó al respecto Leonardo Fossati y agrega: “Da real dimensión de cómo este problema no es un punto en una persona, no es el desaparecido el que lo sufrió sino que fue todo su entorno familiar, sus generaciones inmediatas y hoy en día también sufren las consecuencias, esos chicos también restituyen su identidad más de 35 años después están viviendo una situación consecuencia a esta última dictadura cívico – militar, entonces cuando uno dice y lee que se están juzgando hechos sucedidos hace 35 años atrás, en realidad es una mirada segmentada porque se están juzgando las responsabilidades y hechos cometidos pero a la vez las consecuencias están vigentes, se están conociendo, es algo que lleva mucho tiempo y que todavía falta mucho por hacer, conocer, 400 nietos por restituir, muchos juicios por llevarlos a cabo, muchos responsables por ser juzgados y mucha información por dar a conocer. Hasta que no sepamos donde no están todos esos bebes robados, no se haga justicia con todos los responsables y no se conozcan todas las verdades no vamos a tener una sociedad realmente como la queremos, un poco más sana”.
Muchos de los nietos que las Abuelas están buscando hoy ya son padres. Esto significa que ya hay una nueva generación, los bisnietos, que también tienen su Derecho a la Identidad vulnerado.
Desde la perspectiva ética y de cara al futuro, en el fortalecimiento de la convivencia ciudadana y la plena vigencia de los Derechos Humanos y en particular de la infancia, la restitución constituye la devolución de la sociedad a sí misma como defensa de la vida, búsqueda de la verdad y cumplimiento de justicia plena. Así también la restitución del último de los nietos desaparecidos producirá un efecto directo en todo nuestro pueblo en orden a la recuperación de principios y seguridades que la sociedad y el Estado tienen el ineludible deber de garantizar. Por eso resulta importante que toda la sociedad se comprometa en esta tarea, no sólo por solidaridad sino porque es un problema de todos: mientras haya un solo chico con su identidad cambiada, está en duda la identidad de todos.

Por esto, recuperar a los más de 400 nietos que aún permanecen apropiados y con una identidad cambiada es una tarea de todos y todas por la memoria, la verdad y la justicia. 

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