Él es parte de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, y nieto recuperado nº 57. Tenía cinco meses el 19 de noviembre de 1976, cuando las fuerzas conjuntas de la Policía Bonaerense, la Federal y el Ejército atacaron la casa de Juan B. Justo 676 en San Nicolás, acribillaron a su mamá, Ana María del Carmen Granada; al matrimonio de Omar Alfredo Amestoy y Ana María Fettolini, y asfixiaron con gases lacrimógenos a Fernando Amestoy, de tres años, y a María Eugenia, de cinco. Manuel fue protegido por su mamá con colchones, adentro de un placard, y por eso se salvó. El juez de menores de San Nicolás, Juan Carlos Marchetti, lo dio en adopción de manera irregular, sin buscar a su familia. Durante 19 años fue Claudio Novoa, y en 1995 empezó a averiguar cuál era su verdadera identidad.
Estuvimos leyendo sobre tu historia y queríamos dar cuenta del proceso de la restitución y la formación de la Identidad. ¿Cómo definirías a la Dictadura Militar, desde tu mirada?
Para mi fue y es sin duda el momento más oscuro y sangriento que nos tocó vivir como pueblo. A nivel personal, es el hecho más trascendental de mi vida. Sin la dictadura mi vida no hubiese sido lo que fue. Yo hubiera crecido con mi papá y mi mamá, no hubiese perdido mi identidad, no hubiera vivido 19 años con otra familia y otra historia; todo lo que fue mi vida e incluso lo que sigue siendo tiene que ver con la Dictadura.
Claramente mi vida hubiera sido otra. La Dictadura fue la responsable de casi todo lo malo que me pasó. Es un daño enorme que no terminó en el `82 sino que aun hoy sigue dañándonos a nivel económico, educativo, social, la dictadura rompió con todo y ese daño lo seguimos viviendo. Más allá de los derechos humanos que, bueno… sin duda es lo más grave.
Todos los que aun creen que la dictadura no los tocó, los tocó. Los gobiernos que vinieron, las discusiones, las luchas de los organismos, las idas y vueltas, las instituciones débiles, hasta hace unos años que logramos revertirlo. Pero hace poco tiempo teníamos solo lo que la dictadura dejó. El gobierno de Alfonsín tuvo solo eso y afectó su fortaleza porque claramente el contexto no lo acompañaba. Era muy probable que tuviera que hacer muchas concesiones. Después tuvimos el Menemismo que por una cuestión ideológica tenían un gen muy implantado con el plan económico que continuaba a la dictadura.
¿Cómo fue el momento previo de duda y de búsqueda de tu identidad?
En realidad yo no busqué y no dudé. Sabía que era hijo de otras personas. Pensé que me habían abandonado, que mis padres habían muerto y alguien podría quedarse conmigo, o mi familia no me quería… no tenía intensión de buscar. Yo creía que estaba bien, que mi vida era eso y listo. Después me di cuenta que era importantísimo saber que no me habían abandonado y me hizo bien… esto ocurrió en una época, pensemos en los noventa donde nadie iba a Abuelas a buscar su identidad. Fueron después, cuando nos hicimos más grandes y la difusión tomó otro nivel.
¿La búsqueda empezó entonces con Abuelas?
Si, mis abuelas son de las primeras de Plaza de Mayo, mi papá fue secuestrado el primer día del Golpe, el 24 de marzo del ´76 y mi mamá a mediados de ese año estuvo desaparecida y luego descubrimos que fue asesinada el 16 de noviembre del ´76 en San Nicolás. Ya en el `77 mis abuelas estaban en la plaza y sabían que tenían un nieto que buscar. Tenían la carpeta con los datos que pudieron recolectar de mi caso y eso sumado al centro de antropología forense que estaba armando su base de datos desde el 84 y termina concretándose el encuentro.
¿Y ese momento?
Fue muy extraño y especial. Para mi era un día cualquiera hasta que llegaron a mi casa y me contaron que tenía una abuela que me estaba buscando, que se conformaba con saber que estaba bien, que obviamente si yo quería me iba a conocer, que también tenía un hermano que era músico y primero pensé que no lo iba a conocer porque me dicen que no estaba, después me dicen que estaba de gira porque tocaba en la banda “Los Pericos”, y me puse a pensar en todas las veces que lo pude haber cruzado por recitales… fue extraño porque yo había sido criado como hijo único, y me encuentro con un hermano, también sobrinos, fue un mix de cosas. En el momento hablé con mi papá y me dijo rápidamente que mis padres estaban desaparecidos y me contó la historia. Hubo una gran movilización interna que duró y dura muchos años.
Además de pensar que no era que no te habían querido sino que hasta tenias una abuela buscándote…
Claro, enterarme la historia que fue al contrario, que mi mamá me salvó escondiéndome en un ropero en el operativo, que soy el único sobreviviente aunque estuve asfixiado por las frazadas que me ocultaban, al fin terminé salvándome. Entonces era totalmente otra historia. Eso fue el primer día, después pasaron años y aun hoy sigo reconstruyendo. Te dicen “todo esto es tuyo” y lleva tiempo, a mi me cuesta mucho ser el único sobreviviente ¿Qué merezco yo, que hago? Es muy difícil.
¿Qué más podes contarnos de ese proceso?
Que no termina nunca. Primero me fui reencontrando con mi familia, de a poco. Empecé a notar que al salir en la prensa parecieron conocidos de mis padres, amigos de militancia, empecé a conocer otras partes que me contaron. Yo fui a cada uno de los lugares que me resultaron relevantes, al cementerio donde estaban los restos… apoderarme de esa historia, un ejercicio que no es fácil.
Recuperar la identidad es recuperar la verdad. Todo lo que hubo antes fue una mentira. Nos pasa a todos y les va a pasar a todos los que vengan. Sos como un experimento: te sacan de tu ciudad, te cambian el nombre te dan otra educación muy distinta a la que podrías haber tenido. A partir de ese momento vos sos dueño realmente de tu vida, sabes que nada de lo que tuviste tuvo que haber existido. Cuando recuperas eso no es solo una persona, es todo un mundo. Hay una reconstrucción social y de una familia que padeció todo ese proceso de una forma tortuosa.
¿Y que le dirías a un joven que sabe o sospecha que fue adoptado y no se anima a acercarse?
Preguntárselo se lo preguntan aunque no quieran, si nacieron en la Dictadura. Por la experiencia de todos los que han sido encontrados, todos tienen una sensación difícil de explicar. Es difícil de poner en palabras. Yo creo que hay que animarse y buscar, un ejercicio de amor propio que te va a traer una recompensa maravillosa de ser dueño de tu propia vida. Sino estas optando entre una mentira y una verdad que está ahí por encontrar.
En una entrevista contabas de un episodio de tu infancia donde a raíz de una fiebre recordabas a militares entrando en una casa… ¿Por qué esas cosas quedan marcadas? ¿Hay explicación?
Bueno, yo no he hecho terapia por lo que no tengo muchos elementos para analizarme o a la situación… pero sé que todos en nuestras vidas tenemos registros de cosas que se disparan en situaciones. En mi caso fue por una fiebre, otro será por pesadillas o lugares… yo creo que incluso otros hijos también, cada uno a su forma, algo que necesita acomodarse.
Y en tu caso tenés una hija ¿Cómo lo tomó? ¿Cómo encaraste eso?
Yo a ella la tuve en el 2000 así que en ese momento yo ya sabía mi identidad, pero a ella la tuve que anotar con el apellido de la adopción que tuve, recién a los 5 años le cambiaron el documento, igual que a mi así que tuvo que hacer todo el jardín con dos apellidos. Ahí fue casi un cuento, de a poco ir diciéndole algunas cosas, que tuvo otros abuelos, es difícil de asimilar. No todos tienen seis abuelos. Pero también los chicos resuelven estas cosas de forma más fácil. Hoy tiene 13 años y sabe mucho pero hay detalles que todavía no conoce y sigue afectada por cuestiones, como conocer esos abuelos que ya no están. Y eso aun le pasa a los hijos que no son recuperados. Hay una generación con una identidad cambiada.
Pedro Nadal García nos contó que fue más difícil para el que para su hijo entender, hasta le dijo inmediatamente a la maestra que se iba a cambiar el apellido…
Si, es que los chicos entienden la verdad.
Y queda en las nuevas generaciones continuar esto.
Claro, muchos dicen que ya pasó y que nos olvidemos. Hagan un ejercicio: hoy te roban a tu hijo y no te lo devuelven nunca más. Y sabes que lo torturaron y lo asesinaron. Pasas cuarenta años y te ves reclamando los huesitos. Ese argumento no tiene sustento. Es de negación.
Pensar en la ESMA y todos los edificios que lo rodean, la gente que pudo saber…
Incluso hay gente que todavía lo llama “proceso”, cuando ese lenguaje lo usaban los dictadores para disimular, como si hubiera un orden lógico en su dictadura. Hay que darse cuenta el valor de esas palabras porque hay mucho análisis detrás.
Está el reciente caso del vice decano de la facultad de Medicina…
Sería un error pensar que todos entendimos y que ya está, no se discute… hay gente, una porción minima pero que todavía no analiza y piensa que estaba mejor con la dictadura. Es no ver al otro y ser capaz de permitir estas cosas.
¿Cómo pensas a las Abuelas hoy día?
Ellas son mis abuelas, me retan, me cuidan… y después lo más extraño es que las puedo tratar cotidianamente pero son personas que trascienden en la historia. Yo no puedo dejar de pensar en lo inmenso de su lucha, algo totalmente atípico, no hay otro grupo que haya logrado lo que lograron ellas. Hicieron un aporte a la humanidad que no está dimensionado aun. Hay artículos de la declaración universal de los derechos del niño que están creadas por ellas. La mirada que se tiene en el mundo son realmente valiosas para toda la humanidad. Y a la vez son mi familia, los que trato cotidianamente, son como superhéroes.
¿Cómo fue recuperar esos lazos familiares, de tu hermano, de abuelas?
Con mi hermano nos hermanamos inmediatamente, nos llevamos bien. Mis sobrinos eran muy chicos y fuimos construyendo un vínculo fresco. Eso fue muy bueno, fuimos valorando y cuidándonos, pregonándonos todo. Entre los dos tratábamos de vernos, de generar el lazo, de tener amigos en común, de estar en los mismos espacios y ahora somos hermanos, nos vamos de vacaciones juntos. Alguien que nos ve hoy piensa que no pasó lo que pasó. Piensa que somos hermanos desde siempre. Los dos encontramos parte de lo que queríamos reconstruir. Yo lo veo parecido a mi papá, el me ve con actitudes como las que recordaba.



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