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jueves, 13 de marzo de 2014

Pedro Nadal García

“Viví con culpa, con un sentimiento de deuda porque siempre me decía que gracias a ella yo era lo que era”

              

En diálogo con este medio, Pedro Nadal García, nieto recuperado por Abuelas en 2004,  relata cómo fueron los años al lado de su apropiadora y qué significó para él recuperar su identidad.

Hijo de Hilda Magdalena García y Jorge Adalberto Nadal, ambos militantes en la década de los 70 y perseguidos políticos durante la última dictadura militar, el destino de sus padres corrió diferente suerte, mientras su madre fue secuestrada y aún continua desaparecida, su padre estuvo preso, pero pudo salvar su vida partiendo al exilio en Francia en 1979. A su regreso al país empezó a buscarlo intensamente junto con la ayuda de las Abuelas de Plaza de Mayo. El desenlace feliz se produjo en 2004, cuando un juez le dijo que existía la posibilidad de que sea hijo de desaparecidos y al hacerse el ADN dio positivo. Era el principio de la recuperación de una identidad que había sido falseada por tanto años. Era la posibilidad del reencuentro con su padre y el resto de su familia que lo había estado esperando desde 1976.

Su madre fue secuestrada a principios de marzo de 1976 en Guernica. Su hermano mayor y él fueron alejados de sus brazos. Carlos fue devuelto a su familia de origen y Pedro apropiado por Luís Alberto Ferián, el mismo que había secuestrado a su madre. Decidió entregárselo a su pareja de entonces y criar al niño, pero un tiempo después se separaron. Entonces, Pedro quedo al cuidado de la mujer. Con respecto al tiempo que paso al lado de ella y sus explicaciones en torno a su origen familiar, el joven expresó que “cuando tenía 5 años me dijeron que era adoptado, hijo biológico de mi apropiador e hijo adoptivo de ella, ósea, era hijo de la pareja y bajo esa premisa ya me respondía a la pregunta no soy parecido, no tengo fotos. La mayoría de las preguntas ya me las respondía”.

Con respecto a cómo era su vida al lado de la apropiadora y su familia expresaba que “ella tenía que trabajar, laburaba todo el día, llegaba a casa, se iba la empleada doméstica y yo estaba en mi casa, iba a la escuela, hacía lo que hacía un niño. También contó que trabajaba desde muy pequeño, empezó a los 9 años y que esto le ayudó a relacionarse porque siempre fue solitario, excepto cuando empezó el noviazgo con su actual esposa, aunque igual nunca dejaba de ser el solitario porque no tenía hermanos.

A su vez también contó que su apropiadora le iba contando historias diferentes a lo largo de los años: “cuando preguntaba sobre mi origen me decía que mi mamá había muerto, en otro periodo de años, me decía que mi mamá me había abandonado. Me decía que no me quería decir que era abandonado para no hacerme mal. Después, más adelante, el discurso era no te abandono, pero tus abuelos no te querían.. Yo me anotaba las historias, todo me hacía ruido”.

A pesar de las dudas que le generaba su identidad no se animaba a dar el paso de ir a Abuelas. Una de los motivos principales radicaba en la manipulación que ejercía la apropiador sobre él: “cuando preguntas, empezas por los lugares más cercanos y cuando se entera tu apropiadora, en mi caso sucedía que se enfermaba. Había cosas que no podía manejar, para mí era culpa eso. Entonces, viví con culpa, con un sentimiento de deuda porque siempre me decía que gracias a ella yo era lo que era, tenía educación, era un pibe que no le faltaba nada”. Por este motivo recibió con alivio la citación del juez porque significaba que no tenía culpa, en caso de ser hijo de desaparecido se lo había informado la justicia.

En relación al momento del reencuentro con su padre manifestó que “pasar de ser autosuficiente, un tipo adulto, con casa a encontrar a mi viejo a los 29 años, no fue mágico, al contrario, fue confuso porque no es que lo vi a mi viejo y mágicamente dije este es mi padre. No hay magia, no hay nada, es una cagada porque te robaron, te sacaron el sentimiento de pertenencia, no lo tenes, desapareció. Tampoco lo tuviste con el otro”. Pero el encuentro con su hermano mayor fue diferente: “sentí cosas raras porque pase un tiempo con él. Cuando lo encontré sentí más sensaciones que no supe explicarme (…), tuve una relación al principio distante y hoy en día no, es todo lo contrario, somos socios, estamos trabajando juntos”.

Cuando recuperó su identidad, Pedro ya era padre de 2 hijos, Leandro de 5 años y María Victoria de 3 años más otro bebé en camino. Sobre la repercusión que esta noticia generó en los chicos explicó que el hijo mayor“se llevó la peor parte porque a pesar de saber cómo era su abuela, ósea mi apropiadora,siempre tratamos de que la reconozca, que la tenga como referente, como su abuela, por ende, se relacionaban, se reían, se divertían”. Al enterarse de la verdad no permitió que vuelva a ver a su hijo, provocando varias amenazas por parte de la mujer y más preguntas de Leandro que le planteaba: “es mi abuela, la quiero, porque no me dejas verla, yo le respondía que era porque la abuela mintió, oculto cosas y  que papá  estaba enojado por eso. Él me decía pero vos estás enojado, yo no”. También esta situación provocó un miedo en el niño ante la posibilidad de que lo secuestraran al igual que su padre: “le agarró paranoia con todo, no quería separarse de nosotros”.
Pedro junto a la Abuela de Plaza de Mayo, Rosa Roisinblit

Al ser consultado sobre qué significaba la identidad para él, consideró que es “un conjunto de experiencias que son dignas de recordar” y remarcó que “no es lo mismo no saber de dónde venís a saber que tu vieja no te soltaba ni un minuto porque no permitía que nadie te de mamadera. Que tu abuelo dormía con vos en la cama, la siesta y que lloraba cuando mi mamá me llevaba con ella para un viaje. Esas cosas son las que definen tu identidad, tu historia”.


Por último, al hacer referencia a los nietos que todavía faltan encontrar, les dejó un mensaje para aquellos jóvenes que tienen dudas acerca de su identidad: “lo bueno sería que traten de no tener miedo porque no pasa nada, es simplemente tu derecho, el derecho a la identidad de las cual todos tenemos que disponer. Si hay dudas, hay que salir adelante. Te vas a encontrar con una historia de sangre, a tus viejos los mataron, los torturaron, una historia fea, pero no deja de ser tu historia”. Además consideró que tambiénles diría que no son culpables de nada y no le deben nada a nadie, en relación a esta reflexión concluyó: “a mis hijos jamás les cobraría el darles la vida ni mucho menos el plato de comida que le das en la mesa”. 

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