“Viví con culpa, con un sentimiento de deuda porque siempre me decía que gracias a ella yo era lo que era”
En diálogo con este medio, Pedro
Nadal García, nieto recuperado por Abuelas en 2004, relata cómo fueron los años al lado de su
apropiadora y qué significó para él recuperar su identidad.
Hijo de Hilda Magdalena García y
Jorge Adalberto Nadal, ambos militantes en la década de los 70 y perseguidos
políticos durante la última dictadura militar, el destino de sus padres corrió
diferente suerte, mientras su madre fue secuestrada y aún continua
desaparecida, su padre estuvo preso, pero pudo salvar su vida partiendo al
exilio en Francia en 1979. A su regreso al país empezó a buscarlo intensamente
junto con la ayuda de las Abuelas de Plaza de Mayo. El desenlace feliz se
produjo en 2004, cuando un juez le dijo que existía la posibilidad de que sea
hijo de desaparecidos y al hacerse el ADN dio positivo. Era el principio de la
recuperación de una identidad que había sido falseada por tanto años. Era la
posibilidad del reencuentro con su padre y el resto de su familia que lo había
estado esperando desde 1976.
Su madre fue secuestrada a principios
de marzo de 1976 en Guernica. Su hermano mayor y él fueron alejados de sus
brazos. Carlos fue devuelto a su familia de origen y Pedro apropiado por Luís
Alberto Ferián, el mismo que había secuestrado a su madre. Decidió entregárselo
a su pareja de entonces y criar al niño, pero un tiempo después se separaron.
Entonces, Pedro quedo al cuidado de la mujer. Con respecto al tiempo que paso
al lado de ella y sus explicaciones en torno a su origen familiar, el joven
expresó que “cuando tenía 5 años me dijeron que era adoptado, hijo biológico de
mi apropiador e hijo adoptivo de ella, ósea, era hijo de la pareja y bajo esa
premisa ya me respondía a la pregunta no soy parecido, no tengo fotos. La
mayoría de las preguntas ya me las respondía”.
Con respecto a cómo era su vida al
lado de la apropiadora y su familia expresaba que “ella tenía que trabajar,
laburaba todo el día, llegaba a casa, se iba la empleada doméstica y yo estaba
en mi casa, iba a la escuela, hacía lo que hacía un niño. También contó que
trabajaba desde muy pequeño, empezó a los 9 años y que esto le ayudó a relacionarse
porque siempre fue solitario, excepto cuando empezó el noviazgo con su actual
esposa, aunque igual nunca dejaba de ser el solitario porque no tenía hermanos.
A su vez también contó que su
apropiadora le iba contando historias diferentes a lo largo de los años: “cuando
preguntaba sobre mi origen me decía que mi mamá había muerto, en otro periodo
de años, me decía que mi mamá me había abandonado. Me decía que no me quería
decir que era abandonado para no hacerme mal. Después, más adelante, el
discurso era no te abandono, pero tus abuelos no te querían.. Yo me anotaba las
historias, todo me hacía ruido”.
A pesar de las dudas que le generaba
su identidad no se animaba a dar el paso de ir a Abuelas. Una de los motivos
principales radicaba en la manipulación que ejercía la apropiador sobre él: “cuando
preguntas, empezas por los lugares más cercanos y cuando se entera tu
apropiadora, en mi caso sucedía que se enfermaba. Había cosas que no podía
manejar, para mí era culpa eso. Entonces, viví con culpa, con un sentimiento de
deuda porque siempre me decía que gracias a ella yo era lo que era, tenía
educación, era un pibe que no le faltaba nada”. Por este motivo recibió con
alivio la citación del juez porque significaba que no tenía culpa, en caso de
ser hijo de desaparecido se lo había informado la justicia.
En relación al momento del
reencuentro con su padre manifestó que “pasar de ser autosuficiente, un tipo
adulto, con casa a encontrar a mi viejo a los 29 años, no fue mágico, al
contrario, fue confuso porque no es que lo vi a mi viejo y mágicamente dije
este es mi padre. No hay magia, no hay nada, es una cagada porque te robaron,
te sacaron el sentimiento de pertenencia, no lo tenes, desapareció. Tampoco lo tuviste
con el otro”. Pero el encuentro con su hermano mayor fue diferente: “sentí
cosas raras porque pase un tiempo con él. Cuando lo encontré sentí más
sensaciones que no supe explicarme (…), tuve una relación al principio distante
y hoy en día no, es todo lo contrario, somos socios, estamos trabajando juntos”.
Cuando recuperó su identidad, Pedro
ya era padre de 2 hijos, Leandro de 5 años y María Victoria de 3 años más otro
bebé en camino. Sobre la repercusión que esta noticia generó en los chicos
explicó que el hijo mayor“se llevó la peor parte porque a pesar de saber cómo
era su abuela, ósea mi apropiadora,siempre tratamos de que la reconozca, que la
tenga como referente, como su abuela, por ende, se relacionaban, se reían, se
divertían”. Al enterarse de la verdad no permitió que vuelva a ver a su hijo,
provocando varias amenazas por parte de la mujer y más preguntas de Leandro que
le planteaba: “es mi abuela, la quiero, porque no me dejas verla, yo le
respondía que era porque la abuela mintió, oculto cosas y que papá
estaba enojado por eso. Él me decía pero vos estás enojado, yo no”.
También esta situación provocó un miedo en el niño ante la posibilidad de que lo
secuestraran al igual que su padre: “le agarró paranoia con todo, no quería
separarse de nosotros”.
![]() |
| Pedro junto a la Abuela de Plaza de Mayo, Rosa Roisinblit |
Al ser consultado sobre qué
significaba la identidad para él, consideró que es “un conjunto de experiencias
que son dignas de recordar” y remarcó que “no es lo mismo no saber de dónde
venís a saber que tu vieja no te soltaba ni un minuto porque no permitía que
nadie te de mamadera. Que tu abuelo dormía con vos en la cama, la siesta y que lloraba
cuando mi mamá me llevaba con ella para un viaje. Esas cosas son las que
definen tu identidad, tu historia”.
Por último, al hacer referencia a los
nietos que todavía faltan encontrar, les dejó un mensaje para aquellos jóvenes
que tienen dudas acerca de su identidad: “lo bueno sería que traten de no tener
miedo porque no pasa nada, es simplemente tu derecho, el derecho a la identidad
de las cual todos tenemos que disponer. Si hay dudas, hay que salir adelante.
Te vas a encontrar con una historia de sangre, a tus viejos los mataron, los
torturaron, una historia fea, pero no deja de ser tu historia”. Además
consideró que tambiénles diría que no son culpables de nada y no le deben nada
a nadie, en relación a esta reflexión concluyó: “a mis hijos jamás les cobraría
el darles la vida ni mucho menos el plato de comida que le das en la mesa”.


No hay comentarios:
Publicar un comentario